Mercadillo en Desojo
Este sábado 25 de abril, se ha celebrado una de las actividades que organiza Tejiendo Caminos en Desojo. Actos que insuflan, por unas horas, vida en los pequeños pueblos. Os transcribo el reportaje de Diario de Navarra, 29-4-2026.
Los mercados más pequeños de Tierra Estella se consolidan en los pueblos de la sierra de Codés. Son encuentros casi en familia para los artesanos y elaboradores que viven en el entorno. Un escaparate para la producción local que contribuye a la vez a la vida social en los municipios de Tejiendo Caminos. El proyecto ideado por Bargotaque integra hoy a 15 localidades unidas en el empeño de dinamizar y repoblar la zona apoyándose en un conjunto de iniciativas tan diversas como el taxi a la demanda, las ayudas a los emprendedores o el impulso a la vivienda y los mercados que van rotando por los diferentes puntos a lo largo de los fines de semana elegidos.
Una “herramienta clave” para impulsar el consumo de proximidad a la vez que genera encuentros entre una población tan reducida como los apenas 70 habitantes de Desojo. Parte de esa red del tejido rural que integran también Aguilar de Codés, Aras, Armañanzas, Bargota, Cabredo, El Busto, Espronceda, Genevilla, Lapoblación-Meano, Lazagurría, Mues, Sansol, Torralba del Río y Torres de Río.
Este último sábado de abril, en una agradable mañana de primavera, un grupo de nueve vendedoras instalaba en Desojo su género bajo las carpas en la plaza junto a la casa consistorial. Algunos, del mismo territorio de Codés. Otros, de diferentes puntos de la merindad. Y en un caso de La Rioja.
De Mendavia llegó el único puesto de alimentación de esta jornada. Amaya García Díaz gestiona con su hermana el Horno Amaya en esta localidad. Una en la tienda física y otra en mercados de la zona. Una doble vía para la venta de las magdalenas, pastas de te, empanadas, rosquillas o Tejas de Mendavia. Un amplio surtido que sale de este obrador familiar. “Es una pena que la artesanía se acabe y esta es una buena iniciativa pero creo que hace falta darle más publicidad para que la gente se anime y salga”, contaba junto a sus compañeras de mañana.
COMO EN FAMILIA
A lo largo de las ediciones de Tejiendo Caminos se han ido conociendo y acudir a estas citas es hacerlo en familia. Cristina Garcés Blanco lo indicaba así en su puesto Kristina Artesanía. Un escaparate del género de ganchillo y textil que realiza en su taller de Viana. Fundas de móvil, baberos de bebés, bolsos y otros complementos llenan de color el punto de venta de esta bilbaína afincada desde 2009 en Navarra. En un mercado escaparate de su artesanía y de sus historias, contaba lo que esta labor supone para ella. “Mi madre me decía siempre que aprendiera a usar la máquina de coser, pero la tuve guardada muchos años en una caja. Hasta que en la pandemia pensé que si otras habían aprendido yo también podía hacerlo”.
Y relata como, cosas del destino, cuando en 2021 le detectaron una enfermedad de la que hoy está recuperada la labor manual se convirtió en su mejor terapia. “Sin lugar a dudas. Tener esto en la cabeza y no otras cosas me ayudó. Me estrené en la feria de Viana y ahora cuento con la calificación de artesana. Creo que el gusto y el detalle de lo echo a mano, el no encontrar dos productos iguales, se sigue apreciando”.
Pronto todavía en una mañana de fin de semana que aguardaba despegar con los primeros visitantes, Lourdes Campuzano Marín terminaba de instalar su puesto de macramé con pulseras, pendientes o llaveros. Vecina de Etayo e hija de los guardeses del Señorío de Learza, se reinventó laboralmente tras un grave accidente de tráfico en Mues y se volcó en un labor de la que hoy da cursillos además de vender en los mercados. “Cuando empecé me ayudó mucho tener la atención plena en algo que me aportaba tranquilidad hacer. Hoy, me gusta salir a estos pueblos y enseñárselo a la gente”.
De Villamediana (La Rioja) llegó a Desojo Cristina Marín Perujo, con su puesto de papelería creativa Hakuna Matata. “No conocía esta zona y me parece una iniciativa preciosa porque la gente puede visitarla e ir por sus pueblos gracias al mercado”. Los bolsos Gobelino de la vecina de Espronceda Idoia Valencia, o el puesto de jabones de Mendavia completaron los puestos junto al de una de las artesanas veteranas de Tierra Estella. De mostrar las sedas pintadas de Aziza Puch, de Meano, se encargó en esta ocasión su hija, Nuria Esteve. Bastidores, pañuelos y otras labores delicadas a la venta en una cita que considera necesaria para mostrar la vida en los pueblos. “Queremos que estas pequeñas localidades tengan vida, que vengan clientes a estos mercados. Es importante intentarlo. Yo he vivido años fuera de Meano y he regresado”, contaba.